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La salvación es solo por fe

La salvación es solo por fe

Desde una perspectiva centrada en la biblia no hay forma de refutar el hecho de que la salvación es obtenida únicamente a través de la fe en el sacrificio de Jesús en la cruz del calvario. No hay ninguna obra que pueda hacer a alguien ganar su salvación.

El problema del pecado

De acuerdo a la biblia, todos hemos pecado y por ello todos estamos destituidos de la gloria de Dios, es decir que hemos perdido la salvación. Ro 3:23 “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.

El problema del pecado es que nos hace impuros y es esa impureza la que no nos permitiría entrar a la presencia de Dios, ya que Dios es santo y para llegar a Él tendríamos que estar limpios de pecado. En cierta ocasión el profeta Isaías tuvo una visión de Dios en su trono, rodeado de serafines que cantaban “santo, santo, santo”, tan pronto como él se percató del lugar adonde estaba se recordó que era impuro de labios y pensó que por ello moriría, sin embargo Dios en su misericordia mandó a uno de los serafines a que tocaran su boca con un carbón encendido, con el fin de que fuera purificado, siendo limpio su pecado (Is 6:1-7)

Siendo que todos los seres humanos hemos pecado, entonces no hay forma de lograr la salvación a menos que nuestros pecados sean borrados.

Jesús el único camino

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De acuerdo a Jesús, el único camino que hoy en día tenemos para llegar al cielo es Él mismo, pues Él dijo “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Jn 14:6). Por lo que una excepción como la antes narrada en la historia de Isaías ya no tendría cabida, al menos no para la humanidad en general. La única forma en que hoy en día podemos tener acceso al Padre es a través de Jesús, nadie puede ir al Padre sino es por medio de Él. Pero, ¿Cómo?

El sacrificio de Jesús en la cruz

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En el Antiguo Testamento se sacrificaban corderos para redención de los pecados del pueblo de Israel. Entre otros, se ofrecían dos corderos como sacrificio diario (Ex 29:38-42) y también en la pascua se ofrecía un cordero sin defecto entre las dos tardes (Ex 12:5-6). Todo el sistema sacrificial judío establecido en el Antiguo Pacto era un símbolo de Jesús, el cordero de Dios, que vendría a pagar de una vez por todas por los pecados de la humanidad. Jesús fue un cordero sin defecto, pues fue tentado en todo, pero no pecó (He 4:15), Él fue ofrecido en la pascua entre las dos tardes, tal como el cordero que año a año los judíos sacrificaban en esa misma fecha y hora.

Jesús vino al mundo a morir por los pecados de la humanidad, ese fue su principal propósito para venir a este mundo. Sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados (He 9:22), la sangre de Jesús fue derramada para que nuestros pecados fueran perdonados. De esa forma todo aquel que cree en el sacrificio de Jesús en la cruz del calvario tiene el perdón de sus pecados y de esa forma puede acceder al cielo (Jn 3:16, Ro 6:23).

El problema de las obras

¿Por qué las obras no salvan? La respuesta es simple, no se puede ser salvo por obras, porque las obras no borran pecados y con pecados no se puede entrar al cielo.

Entonces, “¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera.” (Ro. 6:15) Todo cristiano nacido de nuevo se aleja del pecado como parte de la obra del Espíritu Santo en su vida, el mismo Espíritu Santo hace que un cristiano obre, más sin embargo esas obras no sirven para alcanzar la salvación, ya que la salvación tiene un precio más alto: la sangre de Jesús derramada en la cruz del calvario. La salvación es solo por fe, pero la fe sin obras es muerta (Stg 2:14-18), es decir que las obras son frutos de la fe y por los frutos se conocen a los verdaderos creyentes.

¿Solo por gracia?

Más claro no lo pudo haber escrito el apóstol Pablo:

Ro 11:6: “Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.”

Ef 2:7-8: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”

No hay nada que pueda hacernos merecedores de la salvación. Podemos ser la persona más bondadosa del mundo, pero si no tenemos fe en el sacrificio de Jesús en la cruz, todavía tenemos un gran cumulo de pecados que nos impiden acceder a la presencia de Dios, pues nuestros pecados no se borran con buenas obras, sino que “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.» (1 Jn 1:7)

Hch 16:31 “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.”

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