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Otra noche más con las ranas

Otra noche más con las ranas

Base bíblica: Éxodo 8:1-10

Contexto histórico

Desde los días de José, los descendientes de Jacob (a quien Dios le cambió el nombre a Israel) se asientan en Egipto (Gen. 46). Años después, se levanta un faraón que no conocía a José y ve como los israelitas estaban creciendo en número, por lo que tiene temor y decide hacerlos esclavos (Ex. 1:8-14). Más adelante en la historia, Dios llama a Moisés para ser el libertador de su pueblo (Ex. 3). Moisés pide a Faraón la liberación de Israel (Ex. 5) y ante la negativa de Faraón, llegan las 10 plagas (Ex. 7-11).

La primera plaga fue la del agua del Rio Nilo convertida en sangre. El Rio Nilo fue considerado hasta el 2008 el más grande del mundo. En base a nuevos estudios ahora el Amazonas es considerado el rio más grande.

La plaga de ranas

La segunda plaga fue la de ranas.

¿En qué se diferencian las ranas y los sapos?

  • Las ranas son normalmente más pequeñas.
  • Las ranas son más de agua que los sapos.
  • Las ranas tienen patas largas lo que las hace diestras para saltar.

National Geographic ha tratado de explicar científicamente las 10 plagas en el documental “Los secretos de las 10 plagas bíblicas”. Ellos afirman que un suceso climatológico explicaría como podrían haberse producido las 10 plagas de forma natural. Específicamente citan la erupción del volcán de la isla Santorini en Grecia, alrededor del años 1,500 A.C como el suceso que desato el inicio de las 10 plagas. En cuanto a la plaga de ranas explican que fue un efecto de la de la sangre, pues las ranas, a diferencia de los peces, pudieron escapar de las aguas contaminadas. Lo cierto es que Dios

¿Se imagina como habrá sido el tener ranas por todas partes? A algunas personas una sola rana les produce asco. La Biblia dice que había ranas en los cuartos adonde dormían, sobre la cama, en los hornos y adonde amasaban el pan. Es decir que había ranas por todas partes.

Alguien se iba a preparar la comida. Había ranas.

Se iba a dormir. Había ranas.

Iba al baño. Había ranas.

Salía a la calle. Había ranas.

Mañana

¿Sí a usted le hubieran dado a escoger cuando quiere que las ranas sean quitadas de usted y su pueblo, que habría respondido? Seguramente habría dicho “Hazlo ahorita mismo”, pero faraón sorprendentemente dijo “Mañana”. ¿Porqué habrá dicho faraón “Mañana”? ¿Porqué habría que dejar para mañana lo que Dios quería quitar hoy? Porque faraón sabía que tenía que dar algo a cambio. Él pensó “No me importa que pase otra noche más con las ranas”, pues él no quería ceder.

Pero no solo a faraón le gusta sufrir una noche más con un problema que Dios puede acabar ya mismo. Muchas veces pasamos por situaciones difíciles en nuestra vida y Dios nos pregunta ¿Cuándo quieres que se resuelva tu problema?, pero nosotros respondemos: “Mañana”, porque sabemos que debemos dar algo a cambio. Preferimos pasar otra noche más conviviendo con las ranas.

A veces un vicio domina nuestra vida y decimos “mañana lo voy a dejar”. Otras veces estamos tan aferrados al pecado que decimos “mañana” y no nos importa no recibir respuesta de Dios aún. Quizás alguien este aferrado al licor y diga “mañana voy a dejar de tomar”, pues quiero una noche más tomando. Alguien esclavizado por la pornografía puede decir “mañana ya no lo haré”, pero quiero pasar una noche más “disfrutando” mi pecado.

Otros piensan “me voy a acercar a Dios mañana, cuando salga de mis problemas” o “me voy a acercar a Dios mañana, cuando ya no peque más”.

Pero muchas veces, el mañana nunca llega. Lo peor es que decimos “mañana”, pero ese mañana no es “mañana”. Es como el letrero que se encuentra en algunas tiendas, que dice “hoy no se fía, mañana sí”. Ese mañana nunca llega y nuestra bendición sigue esperando. Sí Dios le está llamando a algo hoy, no diga “mañana”. Dios quiere que le digamos “hoy”, pues el mañana es incierto.

La actitud de faraón

A veces tenemos un gran problema y en lugar de doblar rodillas nos volvemos duros de corazón como Faraón. No hay nada más triste que ver a alguien necesitado de Dios, pero de espaldas a Él. Sin lugar a dudas, no  hay mejor forma de enfrentar un problema, que con Dios de nuestro lado. Faraón luchó contra Dios y perdió. Si usted lucha contra Dios siempre va a perder. Dios tiene toda la eternidad ganando batallas.

Conclusión

El mañana nunca llego para faraón. Aun y cuando la petición de Faraón de que las ranas se fueran fue concedida, él nunca cambió. Pasaron 10 plagas y él no cambió. Su corazón estaba tan endurecido que no pudo ver que estaba luchando contra Dios. Ya no luche contra Dios. Mejor entregue su vida y sus problemas al Señor hoy. ¿Por qué esperar a mañana si Dios puede cambiar su vida hoy?

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